¡Alerta Pueblo! Entérese del plan del extremismo opositor en su afán de dividir a las fuerzas revolucionarias y patriotas
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Cortesía Internet
Publicado: 21/01/2026 08:51 PM
January 21th, 2026
The Capitol - U.S. Congress
Entre Constitución e Independencia Avenue, Washington, DC.
PATRIOTA VIP.
Hello my friend furrialeño. How are you? Lo ocurrido esta semana por estos lados del mundo fue, sin exagerar, uno de los episodios más bochornosos, patéticos y humillantes que se recuerden en la opinión pública nacional e internacional. Un auténtico sainete político de proporciones mayúsculas. Me refiero, por supuesto, al triste y deslucido papel que protagonizó “La Chik-Flada” durante su ruidosamente anunciada visita a la Casa Blanca.
Lo que se intentó vender como una demostración de liderazgo, influencia y supuesto “respaldo internacional” terminó
pareciéndose más a una excursión turística mal planificada, disfrazada con ínfulas de epopeya democrática. Mucho ruido en redes sociales, toneladas de espuma propagandística y expectativas infladas por su propio aparato mediático, al final nadie en Venezuela estuvo pendiente de eso, peor aún, solo mostró una secuencia de gestos incómodos, silencios elocuentes y puertas que jamás se abrieron del todo.
La escena dejó al descubierto una verdad incómoda que muchos prefieren maquillar: fuera del ecosistema de aplausos digitales, aduladores profesionales y cámaras complacientes, la supuesta “líder indiscutible” recibió un baño de realidad tan crudo como demoledor. Y lo más humillante no fue el desplante en sí, sino su procedencia: vino directamente de su propio “jefe”. Un mensaje breve, seco y lapidario, resumido en tres palabras que pesaron más que cualquier discurso grandilocuente: “Usted no va”, quien crea lo contrario no sabe leer política.
Para completar el cuadro, nuestro querido amigo Murphy — nuestro patriota incrustado en los pasillos de la White House— conoce los detalles de la jornada. Si alguien tenía expectativas de alto nivel, lo que emergió fue algo mucho más corrosivo: una burla de las altas esferas de la opinión pública mundial, pues si bien esto no tuvo impacto en nuestro país, fueras de nuestras fronteras el mundo quería presenciar aquella novela.
Según Murphy, nada de honores, nada de protocolo especial: entrada de servicio para una visita que se pretendía histórica. La ceremonia a puerta cerrada —una rareza viniendo de Donald Trump, tan aficionado al espectáculo—, la elección de un comedor adyacente al Despacho Oval y el hecho de que el almuerzo de trabajo coincidiera parcialmente con la rueda de prensa de la portavoz Karoline Leavitt, enviaron señales claras, aunque incómodas. La degradación se completó cuando el equipo de la Casa Blanca negó tajantemente el acceso a la prensa, pulverizando de un solo golpe la narrativa de respaldo y visibilidad internacional.
Para rematar, el encuentro no fue transmitido en directo pese a la insistente petición de la delegación de María Corina, que aspiraba a convertir la cita en material propagandístico de consumo inmediato. Nada de lo ocurrido fue casual, ni improvisado, ni producto del desorden. En Washington —y especialmente bajo Donald Trump— esas cosas no existen.
Trump la recibió, cuidó cada detalle para no dejar que María le robara su espacio y obtuvo lo que quería, el Nobel. Ahora, todo eso es inventario de una revista de chismes, lo verdaderamente despreciable, fue otra cosa: María Corina no utilizó el encuentro ni su salida pública, ni un solo minuto, para abogar por los venezolanos en Estados Unidos que hoy viven bajo el temor de la persecución y la deportación.
Yo me pregunto: después de la visita de Machado a la White House ¿se anunció alguna medida concreta en favor de los migrantes venezolanos? ¿algún gesto real hacia esa comunidad que dice representar? ¡nada!, otra vez los volvieron a engañar y por eso el fin de semana pasado, María no pudo hacer su show en el Doral porque no lograron garantizar asistencia, están tratando de traer venezolanos de España para ver si logran hacer algo de bulto.
Según Murphy— los principales asesores de Trump desconfían abiertamente del entorno que rodea a Machado. No es paranoia, es cálculo político: los republicanos sienten un profundo recelo hacia las personas que saltan de un lado a otro con facilidad, un día alaban a los demócratas y otro a los republicanos. Menos mal que nosotros nunca hemos alabados a ningunos pues unos y otros son lo mismo.