¡No te la pierdas! La historia no contada (que todos conocen) de dos republicanos en Florida
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Publicado: 21/04/2019 11:30 AM
“Antes
de condenar a otros debe cada cual examinarse largo tiempo a sí mismo”, decía
Molière, el genio de la comedia francesa. Y es justo lo que cabría recomendar a
los senadores Marco Rubio y Rick Scott, quienes se han erigido desde Estados
Unidos en el núcleo duro del ataque contra Venezuela.
Se
puede suponer que si algún político se convierte en juez y verdugo de alguna
causa, estaría libre a su vez de las manchas, críticas y debilidades que
percibe en aquello que ataca. Sin embargo, en el caso de los senadores
republicanos, parece que aplica todo lo contrario.
Digna
de servir de fundamento a un guión de Scorsese, la investigación sobre las
acusaciones de corrupción, tráfico de influencia y manejo indebido de fondos
públicos que pesan sobre Scott y Rubio, nos guían de manera firme hacia un
propósito: develar la verdadera naturaleza de estos operadores político
militares al servicio del cambio de régimen obligatorio en Venezuela.
‘Buenos muchachos’
Rick
Scott ha acaparado recientemente grandes titulares debido a la vehemencia con
que pide que Washington intervenga militarmente en el país suramericano.
“Se
está haciendo claro que tendremos que considerar el uso de los activos
militares estadounidenses para llevar ayuda”, ha manifestado Scott durante un
discurso en la capital de Estados Unidos. Luego, incluso ha ido más allá y ha
pedido que todos los militares del mundo tomen parte en dicha acción.
A lo
largo de Latinoamérica, políticos, medios de difusión y simpatizantes de la
oposición venezolana han mostrado gran entusiasmo por la vehemencia de Scott, a
quien el grupo anticorrupción Ciudadanos por la responsabilidad y la ética en
Washington —Crew por sus siglas en inglés— ha bautizado como “uno de
los peores gobernadores de los Estados Unidos”.
En
1997, Scott saltó a la fama, y no de la mejor manera, cuando protagonizó lo que
se llamó ‘la mayor estafa contra el sistema Medicare’ en toda la historia de
Norteamérica.
Fundador
y CEO de la empresa Columbia/HCA, fue acusado por el Gobierno federal de “14
delitos graves relacionados con la facturación y prácticas fraudulentas” al dar
sobornos a los médicos para que refirieran a los pacientes a clínicas de su
interés, así como para que los pacientes “parecieran más enfermos de lo que
estaban”, según refiere una amplia investigación hecha por el
periodista Jake Beninato.
La
empresa Columbia/HCA tuvo que pagar 1.700 millones de dólares en multas y determinó
la separación de Scott como CEO de la misma, no sin que antes lograra una
indemnización de 5,1 millones de dólares y un contrato de consultoría de
950.000 dólares por cinco años, así como 300 millones de dólares en acciones.
Sin
embargo, este hecho no imposibilitó que fuese elegido como gobernador de
Florida en 2011 y mucho menos que cesaran la serie de hechos ilícitos
que lo convierten, a juicio de grupos como Crew, en uno de los políticos
estadounidenses más corruptos.
En su
primer año como gobernador, Rick Scott se encargó de utilizar su posición para
decretar una serie de leyes que beneficiaban directamente a empresas donde
tenía intereses económicos.
Uno de
los casos más representativos fue su boicot al proyecto del tren de alta
velocidad que iría de Miami a Orlando.
A
pesar de que el proyecto creaba más de 60.000 empleos en un estado con gran
nivel de desocupación, Scott se opuso de una manera tan vehemente que el
proyecto se canceló. Lo extraño de esto, es que luego Scott y su esposa,
cambiaron de opinión e invirtieron millones de dólares en acciones de Fortress
Investment Group, la empresa matriz que ahora retomará la construcción del
tren.
Otro
caso emblemático, de una larga e inacabable lista de hechos de corrupción,
incluye una ley que obligaba a beneficiarios de ayudas públicas a realizarse
exámenes de drogas para poder recibir beneficios sociales. Los exámenes, por
supuesto, beneficiaban a la red de clínicas Solantic, donde se realizaban
dichas pruebas, y cuyas acciones Scott transfirió a su esposa por un
monto aproximado de 60 millones de dólares en 2011.
Jake
Beninato denunciaba que en 2016 Scott dictó una extraña medida. Eliminó una
regulación sobre las cirugías a corazón abierto de bebés, que tenía una
vigencia de más de 38 años. Esta decisión, según el periodista, tuvo lugar tres
meses luego que la cadena CNN revelara que el Centro Médico St. Mary ubicado en
West Palm Beach, había estado incumpliendo la regulación. Lo que trajo como
consecuencia un aumento de la tasa de mortalidad infantil hasta el 12,5 %,
más del triple del promedio nacional. No era de extrañar la decisión de Scott.
El Centro St. Mary pertenecía a la cadena de hospitales Tenet HealthCare
quien donó 200.000 dólares a la campaña de Scott.
Las
laboriosas conexiones que hace Scott entre negocios y política podrían incluso
extenderse más allá de Estados Unidos. El ahora senador de
Florida, posee además grandes inversiones en empresas energéticas
como NextEra Energy Partners y Spectra Energy Partners, lo que podría explicar
su ferviente interés por pedir una intervención militar contra Nicolás Maduro.
Apoyado
por el lobby opositor en ese país, especialmente en las figuras de Carlos
Vecchio y David Smolansky, no sería de extrañar que en los próximos
meses apuntara hacia Citgo, la empresa petrolera que el Gobierno de
Estados Unidos ha secuestrado a Venezuela.
Amistades peligrosas
Marco
Rubio es uno de esos políticos que cada tanto aparecen en la escena política
norteamericana. Un estereotipo del talentoso, joven e inteligente promesa que
parece ‘hacerse a sí mismo’, conforme avanza a pasos agigantados desde un cargo
menor como legislador hasta la precandidatura del Partido Republicano.
Últimamente
ha encabezado la ofensiva diplomática y mediática contra el Gobierno de Nicolás
Maduro, sirviendo de correa de transmisión entre la oposición política
venezolana radicada en el eje Miami-Bogotá-Caracas y los intereses militares de
Washington.
Sin
embargo, este protegido del poderoso lobby anticubano en Miami (encabezado por
Bob Menéndez e Ileana Ros-Lehtinen) conforme señala al Gobierno venezolano de
estar implicado en narcotráfico, barre debajo de la mesa un pasado familiar que
sí está muy ligado a esta actividad.
El
investigador Jean Guy Allard, recordaba que el canal Univisión sacaba a la luz en 2011,
aspectos que Rubio habría querido mantener en secreto.
En
1987, la policía de Florida realizó una gran operación antinarcóticos y arrestó
a la hermana de Rubio, Bárbara y al esposo de esta Orlando Cicilia.
El
cuñado de Rubio terminó siendo acusado de “conspiración para distribuir cocaína
y marihuana” y condenado a 25 años. Allard, sin embargo, otorga un detalle
mucho más escalofriante de este hecho. La hermana y el cuñado de Rubio,
trabajaban para el narcotraficante cubano americano Mario Tabraue, acusado de
matar y desmembrar el cuerpo de un informante de la Policía.
Tabraue, explica
Allard, fue condenado a 100 años de prisión pero resultó beneficiado con una
reducción del 85% de la pena y hoy está libre.
A pesar
de que Rubio se ha negado a hablar sobre dicho incidente, no han cesado sus
vinculaciones con personajes ligados al narcotráfico, en especial con el
expresidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez.
Tal y
como lo comenta la revista Semana, a propósito de un libro del escritor
Sergio Camargo titulado ‘El Narcotraficante N°82’, no resulta cualquier aliado
el que se ha buscado Rubio. Álvaro Uribe Vélez que gobernó Colombia “durante
ocho años está embadurnado de narcotráfico de pies a cabeza, aunque él lo niegue”.
() Eso sin contar las múltiples acusaciones de crímenes de lesa humanidad que
pesan sobre él.
Otro
aspecto que Rubio usualmente mantiene bajo una capa de conveniente neblina, lo
constituye la historia de su origen y la llegada de sus padres a Estados Unidos.
Con el
fin de captar votos de la comunidad anticastrista radicada en Florida, Rubio ha
construido una narrativa muy conveniente para los referentes semánticos,
simbólicos y políticos de dicha comunidad.
Unos
antepasados que huyen de la dictadura caribeña en busca del sueño americano
parecen encajar muy bien. No obstante, el reportero del Washington
Post Manuel Roig-Franzia, quien publicó una biografía del político,
cuenta que los padres de Rubio llegaron a Estados Unidos en 1956, antes de la
revolución y que incluso realizaron varios viajes de regreso tiempo después.
“El
abuelo de Rubio, Pedro Víctor García, era un inmigrante ilegal en los Estados
Unidos. Desilusionado por sus perspectivas financieras, García salió de
Estados Unidos para Cuba dos semanas después de que Fidel Castro
tomara el poder en 1959. Volvió a los Estados Unidos dos años después sin una
visa… y fue contratado por un funcionario de inmigración de los Estados Unidos,
quien declaró: ‘No me parece que esté claro y sin lugar a dudas, tiene derecho
a ingresar a los Estados Unidos’. García fue deportado, pero en lugar de eso,
se fue ilegalmente a Miami y reapareció en 1967 para solicitar la residencia
permanente. Aunque García había estado en los EE.UU desde 1962, el
formulario que llenó entonces indica que había sido un refugiado cubano desde
febrero de 1965”, indica Roig-Franzia.
Para
alguien que constantemente está acusando a otros de provocar el sufrimiento
ajeno, como lo evidencia los tuits escritos por Rubio a propósito del Gobierno
bolivariano que preside Nicolás Maduro, cabría suponer que dicha persona está
dispuesta a obrar siempre en función del prójimo. Pero con Rubio, parecen
aplicar distintos estándares.
El
estudiante, Cameron Kasky, sobreviviente de la masacre de la secundaria
Stoneman Douglas en Florida, increpó a Rubio por no apoyar el control de las
armas y privilegiar a los poderosos ‘lobbies’ armamentísticos.
Kasky preguntó a
Rubio en un debate público, luego de la masacre: “¿Puede usted decirme que no
aceptará una sola donación de la Asociación Nacional de Rifle?”. El senador,
entre evasivas y tartamudeos simplemente tuvo que reconocer que no podía dejar
de aceptar dinero de dicha asociación. Una cifra que, según algunos
investigadores, ya ronda los 3,3 millones de dólares.
Unido
a este último aspecto, hay que resaltar que Rubio recibió grandes
contribuciones de la multimillonaria, Betsy DeVos, a quien por cierto dio
su voto para aprobarla en el cargo de secretaria de Educación de la
Administración Trump.
La
conexión interesante entre los ‘lobbies’ de armas, Rubio y DeVos, es que esta
última es hermana de Erick Prince, el ex Navy Seal, fundador de la
contratista BlackWater (hoy llamada Academi) sobre la cual
pesan numerosas acusaciones de crímenes de guerra en Irak.
Si
unimos los puntos, tendremos a un Marco Rubio conectado con el mundo del
‘mercenariato’ corporativo (Prince), el narco paramilitarismo (Álvaro Uribe
Vélez) y el aparato armamentístico estadounidense (Asociación Nacional del
Rifle, NRA por sus siglas en inglés). Dicha interconexión lo convierte en un
personaje muy importante para los intereses de desestabilización que pretende
adelantar Estados Unidos en Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Puede
que a la oposición venezolana y la derecha política en Latinoamérica no les
importe en lo más mínimo el historial de Rick Scott o Marco Rubio. Puede que el
solo objetivo de derrocar a Nicolás Maduro les haga buscar cualquier tipo de
alianzas, cerrando los ojos a la evidencia e incluso con un pañuelo en la
nariz.
Sin
embargo, nunca está de más prevenir que cuando se entona la frase ‘el fin
justifica los medios’, lo que se hace, y muchas veces con dolorosas consecuencias,
es vender el alma (o la soberanía) para siempre.
Sputnik