La crisis eléctrica en Venezuela: ¿Es de ahora? (+infografía)

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Antes de la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, el 6% de la población de Venezuela carecía de acceso estructural al servicio eléctrico
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Publicado: 16/10/2026 05:00 PM

La crisis del sector eléctrico en Venezuela es un problema multifactorial, a lo que se ha sumado el impacto agravante de las sanciones internacionales que impiden su recuperación.

Ingenieros y analistas del sector coinciden en que la crisis eléctrica actual es consecuencia directa de las sanciones económicas, ya que el colapso estructural, los apagones masivos y el declive operativo del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) comenzaron de forma marcada a partir de que se suspendió la compra de repuestos y piezas que permitieran mantener y fortalecer el servicio.

Antes de 1999, las fallas eléctricas en el país no se presentaban bajo la dinámica de "racionamiento” que conocemos hoy, pero existían regiones sin acceso al servicio o que sufrían cortes con mayor frecuencia debido a factores geográficos y de rezago en la interconexión rural.

Durante los años 70 y 80 se ejecutó el Plan Nacional de Electrificación Rural y a pesar de éste, las interrupciones permanentes se concentraban en las siguientes zonas del país:

El estado Zulia ha sido históricamente la región más vulnerable del sistema debido a su clima extremo, que generaba una altísima demanda residencial por el uso de aires acondicionados ¿Por qué fallaba? Pues, al estar en el extremo occidental del país, la electricidad producida en la Central Hidroeléctrica del Guri en el estado Bolívar debía viajar miles de kilómetros a través de líneas de transmisión de alta tensión. Cualquier sobrecarga en la línea troncal o fallas por tormentas en el camino dejaban temporalmente a Maracaibo y a la Costa Oriental del Lago a oscuras. La empresa local que se encargaba del suministro eléctrico, llamada ENELVEN, lograba solventar el problema gracias a plantas térmicas de respaldo, pero los "bajones" y los cortes por mantenimiento de transformadores eran comunes.

Al igual que el Zulia, en Táchira, Mérida y Trujillo la geografía andina representaba un desafío técnico para las líneas de transmisión que venían del oriente del país, tenía fallas permanentes porque dependían de redes de transmisión extensas y complejas que atravesaban zonas montañosas propensas a deslaves, caída de árboles y tormentas eléctricas. Además, el plan de electrificación de los pueblos andinos y rurales fue muy lento, haciendo que las zonas rurales en las que había electricidad sufrieran de apagones por inestabilidad de voltaje en la década de los 80 y principios de los 90.

En los estados llaneros como Apure, Barinas, Guárico al igual que en estados orientales como en Sucre y Monagas, específicamente en pueblos pequeños o zonas agrícolas alejadas de las capitales, la luz se iba con frecuencia debido a que el servicio dependía de pequeños generadores locales a gasoil o líneas de distribución de baja capacidad que fallaban ante cualquier cambio climático fuerte.

Hay que recordar además que durante la histórica crisis de 1992 ocasionada por una sequía extrema del fenómeno de El Niño, el racionamiento afectó a casi todo el territorio nacional. Todas las regiones del país sufrieron cortes diarios programados de varias horas debido a la baja del Embalse de Guri, la capital se mantuvo blindada gracias a que la empresa La Electricidad de Caracas contaba con un robusto parque termoeléctrico independiente que generaba suficiente energía para cubrirla.

Antes de Hugo Chávez también ocurrieron eventos masivos imprevistos, por ejemplo, en octubre y noviembre de 1993, un error operativo en el sistema interconectado del Guri provocó dos grandes apagones masivos que dejaron a oscuras al 75% del país, afectando simultáneamente a ciudades principales como Caracas, Valencia, Barquisimeto y Maracaibo, paralizando temporalmente el Metro de Caracas.

Antes de la llegada del Comandante Chávez al poder, en 1999, el 6% de la población de Venezuela carecía de acceso estructural al servicio eléctrico.

Ese 6% que permanecía estructuralmente excluido de la red eléctrica interconectada correspondía casi exclusivamente a poblaciones rurales de extrema dispersión geográfica, comunidades indígenas aisladas en el sur del país en las profundidades de los estados Amazonas y Bolívar, y caseríos apartados en las zonas altas andinas o llaneras periféricas. En esas zonas, la llegada del servicio se encontraba proyectada dentro de las fases finales de los planes de expansión de las empresas eléctricas regionales antes de que el sector fuera completamente centralizado.

Si se revisan los indicadores globales de organismos como el Banco Mundial, las estadísticas formales reflejan que cerca del 100% de la población venezolana tiene acceso formal a la electricidad. Esto ocurre porque, estrictamente hablando, los cables, los postes, las subestaciones y las conexiones domiciliarias físicas existen y conectan a los hogares a la red nacional. Desde una métrica censal internacional, si un hogar está conectado al tendido eléctrico, cuenta con "acceso”.

Para 1998, el 66% de la población rural en Venezuela ya contaba con servicio eléctrico consolidado. Sin embargo, el 34% restante de las zonas rurales, que aún carecía de luz a las puertas del nuevo milenio, se debía a un rezago histórico por la importante inversión que debía hacerse.

Después del año 2000, bajo el Gobierno de Chávez, la política de electrificación rural dio un giro radical en su enfoque técnico, legal y operativo. El plan tradicional de extensión de líneas de transmisión de las antiguas empresas públicas como la Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico (CADAFE), fue sustituido por un modelo enfocado en la soberanía energética basada en energías renovables y la gestión comunitaria directa.


AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO

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