¡Clarito! Vea lo que dijo Atilio Borón sobre el papel de la prensa en la AN el 5E
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Publicado: 09/01/2020 09:19 AM
Ya no se trata de disputas ideológicas. Se trata de algo más
elemental, esencial: un medio de comunicación no debe mentir. La mentira es al
medio como la estafa a un banco. Si este no debe hurtar el dinero de sus
clientes un medio tampoco debe escamotear la información que necesita su
audiencia, que confía en la honestidad y ecuanimidad de su fuente informativa.
Desafortunadamente, lo que hemos visto en la prensa
hegemónica a propósito de la elección del nuevo presidente de la Asamblea
Nacional de la República Bolivariana de Venezuela en medios tales como Clarín,
Infobae y La Nación en la Argentina, o El País en España, El Mercurio en Chile
o la CNN en Estados Unidos constituye una monumental estafa a la buena fe de
sus lectores. El periódico español, por ejemplo, asegura que “La
autoproclamación de Luis Parra y la elección de Guaidó en una sesión
alternativa complican el panorama parlamentario.” Titulares parecidos inundan
los otros medios ya mencionados. El problema es que no hubo tal
autoproclamación de Luis Parra. Eso es lo que hacen los amigos de los diversos
integrantes de la pandilla de operadores políticos, que no periodistas, que
medran en nuestro tiempo y que protegen a autoproclamados y corruptos como Juan
Guaidó y Jeannine Añez. Parra, en cambio, del ultraopositor partido Primero
Justicia, no se autoproclamó sino que obtuvo 81 votos de los 140 diputados presentes
(de un total de 167) que acudieron al recinto de la AN y por eso fue proclamado
como presidente de dicho órgano legislativo. Quien se volvió a “autoproclamar”
¡y en las oficinas del diario El Nacional de Caracas! fue Guaidó, lo cual habla
bien a las claras de cuál es la función real de ciertos medios que dicen hacer
“periodismo independiente”.
A pesar de la existencia de quorum y de la presencia de
diputados de todas las fuerzas políticas, el hasta entonces Presidente de la
Asamblea, Juan Guaidó, se rehusó a ingresar al Palacio Legislativo e instalar
la sesión, tal como era su obligación, permaneciendo en las afueras de la sede
parlamentaria y pretendiendo hacer entrar a la fuerza a cuatro diputados que
por distintas razones habían sido inhabilitados por el Tribunal Supremo de
Justicia. En las grabaciones se le oye decir que “si ellos no entran, yo
tampoco”. Estos finalmente entraron, pero él permaneció afuera. Cabe subrayar
que ninguno había participado en las sesiones del actual período legislativo y
que Guaidó, como presidente del cuerpo, en ningún momento exigió su presencia.
Ante la ausencia de Guaidó el reglamento de la Asamblea
Nacional dispone que el diputado de mayor edad se instale como Director de
Debates y dé comienzo a la sesión. Se eligió así, con el voto de 81 diputados
una nueva Directiva de cinco miembros, todos pertenecientes a partidos de la
oposición. Hay que ser muy mentiroso, como los medios arriba citados, para
hablar de un “golpe parlamentario de Maduro” cuando la nueva directiva está
íntegramente conformada por políticos de la oposición. O sea, Maduro habría
sido tan incompetente que organiza un golpe parlamentario, supuestamente para
favorecer sus planes políticos, a resultas del cual la nueva Directiva de la AN
queda en manos de ¡cinco férreos opositores a su gobierno! Algo no cierra en
esta explicación.
La razón: que todo es un relato absolutamente falso de la
realidad. Lo que una prensa honorable tendría que haber dicho es que la
elección del nuevo presidente de la AN fue realizada de conformidad con los
requisitos legales, en el día y el lugar dispuestos por la Constitución (no en
una plaza o en las oficinas de un diario, como hizo Guaidó), que hubo el quorum
que manda la ley y que la votación se hizo ante la presencia de la Junta
Directiva saliente, a excepción de Guaidó, obteniendo la oposición una suma de
votos que superaba ampliamente la mitad más uno de los 140 parlamentarios en el
recinto.
¿Cómo explicar la
conducta del “autoproclamado”?
Primero, por su irreparable descrédito en las filas
opositoras. Recordar la denuncia en su contra hecha por el embajador
“imaginario” que él mismo nombrara en Colombia, Humberto Calderón Berti, y que
lo acusara de robarse, junto a algunos de sus amigotes, parte del dinero que la
Casa Blanca había enviado para financiar la operación “Ayuda Humanitaria +
Concierto en Cúcuta” del 23 de Febrero y “gastárselo en prostitutas y licor”
aparte, seguramente, en alguna que otra sustancia prohibida.
Segundo, porque el acuerdo en la oposición era que habría
una alternancia de los partidos que presidían la AN y que al producirse la
renovación de autoridades que tuvo lugar este 5 de enero el partido de Guaidó,
Voluntad Popular, debía ceder el lugar a Primero Justicia, y como buen bribón
que es ignoró ese acuerdo y trató de salir airoso victimizándose en un intento
patético de ingresar ilegalmente al recinto de la AN cuando nada ni nadie le
impidió hacerlo normalmente, como todos los diputados de la oposición. Pero
tenía que proporcionarle al imperio, la CNN y la prensa canalla del continente
esa foto que toda la derecha necesitaba para confirmar el carácter dictatorial
del “régimen” de Maduro y sumar a los vacilantes al grupo de la derecha
recalcitrante de Latinoamérica. Una farsa muy bien pensada y actuada, lástima
para él que los testigos presenciales y los videos que circulan profusamente en
la red demuestran claramente el engaño.
Tercero, porque Trump le ordenó que no se bajara y siguiera
con su fantochada hasta tumbar a Maduro y, obediente y arrastrado, y con
algunas cuentas pendientes con la Casa Blanca por aquellos dinerillos del 23 F,
Guaidó obedeció la orden de su amo.
Un indeleble torrente de estiércol cae sobre los medios que
en lugar de relatar estos hechos, concretos y probados (inclusive con videos
tomados por parlamentarios y gente que se hallaba en las adyacencias de la sede
de la AN y que se viralizaron por internet) se plegaron al discurso que
Washington necesita como preparación de una eventual aventura militar en
Venezuela o de la intensificación de sus ataques económicos, financieros,
informáticos, diplomáticos, etcétera contra ese país. Mintieron, una vez más,
como lo han venido haciendo desde hace décadas para promocionar sus intereses y
los del imperio, del cual son sus oficiosos house organs. Estafaron por enésima
vez a sus lectores y a sus audiencias. Pero poco les importa. Lograron lo que
se proponían: seguir confundiendo a la opinión pública y a funcionarios de
varias cancillerías latinoamericanas –desgraciadamente la argentina no fue la
excepción– que compraron las fake news de los medios hegemónicos y carentes de
profesionalismo las admitieron como buenas, emitiendo vergonzosos comunicados
en donde la ignorancia mezclada con la indolencia dio por resultado desatinos
diplomáticos que tomará mucho tiempo y trabajo corregir.
A lo anterior hay que agregar la creencia muy arraigada en
el establecimiento diplomático de Latinoamérica que si un gobierno se alinea
incondicionalmente con Washington –por ejemplo cerrando los ojos ante el
atentado terrorista perpetrado contra Qasem Suleimani en Irak, o uniéndose al
coro que canta loas a Guaidó como el mesías de la democracia venezolana– su
fidelidad será generosamente recompensada por la Casa Blanca. Argentina ya
ensayó esa política de “relaciones carnales” propuesta por Carlos S. Menem
durante sus largos diez años de gobierno y terminó en una debacle fenomenal
ante la gélida indiferencia del gobierno de Estados Unidos. Pensar que ahora
podrá ser diferente es una muestra de ingenuidad política, aún teniendo en
cuenta el redoblado sometimiento a aquel país en que dejó el gobierno de
Mauricio Macri a su sucesor.
Una política exterior independiente, seria, exenta de grandilocuencias y congruente con la rica multipolaridad del mundo actual es la mejor carta de presentación para las difíciles negociaciones que los países del área, y muy especialmente la Argentina, deben permanentemente entablar con la Casa Blanca. El alineamiento incondicional a ésta no sólo no ayuda sino que perjudica. Ojalá se tome nota de las enseñanzas de la historia y se actúe en consecuencia.
ATILIO BORÓN